By MundBlue|Posted 02 Feb, 2021|0 Comments|67 Views

Alquimia

«Cada uno tiene su manera de aprender -se repetía a sí mismo-. La manera de él no es la mía, y la mía no es la de él. Pero ambos estamos buscando nuestra Leyenda Personal, y yo lo respeto por eso.» Paulo Coelho, El Alquimista.

ALQUIMIA

La palabra alquimia me está rondando desde hace algún tiempo. Es una palabra antigua, de origen incierto, que sugiere un abanico enorme de otras palabras e imágenes.

En ella se fusionan elementos de la química, la metalurgia y la física, combinando la medicina con la astrología, la semiótica con la filosofía, uniendo el misticismo a la botánica, y el arte a la espiritualidad”. Y nos puede resultar inconcebible algo que abarque tantos campos en una civilización que todo lo clasifica, divide y separa. Lo cierto es que, en nuestra era, la alquimia derivó en la química, aislándola del espectro más intangible. Pero tengo la certeza de que la ciencia está volviendo a abrirse a interactuar con el resto de las disciplinas, y que en la Era que está naciendo el Ser Humano tendrá más presentes esos lazos, esas conexiones que hay entre todas las cosas.

Se cree que la alquimia nació en el antiguo Egipto donde, junto a la medicina y la magia, estaban ligadas a la religión. Un importante centro de alquimia egipcia fue Alejandría, aunque poco sabemos de esos conocimientos, debido a la costumbre que tenían los emperadores de arrasar con todo aquello que no les convenía, incluidos libros y fuentes de saber (costumbre que no se ha dejado de practicar, por cierto, aunque hayan cambiado las formas).

Lo que sí sabemos es que esos conocimientos fueron evolucionando, y hasta la Edad Media se mantuvo la convicción de que, encontrando la Piedra Filosofal, sería posible transmutar los metales en oro e incluso alcanzar la inmortalidad gracias al Elixir de la Vida. Abundan las leyendas en torno a esta búsqueda, y en nuestro inconsciente tenemos al Alquimista como la imagen de un mago que, encerrado en su botica llena de frascos y alambiques, se dedicaba a fusionar componentes que se convertirían en alguna poción.

Pero lo que me ha traído hasta esta divagación es la palabra transmutación. Significa transformación o cambio, pero va más allá. Es convertirse en otra cosa. Me gusta pensar que, de alguna manera, una obra de arte es una transmutación. ¿Podríamos afirmar que el David de Miguel Ángel fue una piedra que transmutó gracias a la mano mágica del artista?

El alquimista debe transmutar su alma para encontrar lo que busca. Como el artista debe encontrar su verdad para que su obra pueda transmitirla. Lo cierto es que todo es transmutación. Nada es, al final, lo que empezó siendo. En la naturaleza esto es evidente, pero también sucede en lo que creamos, día tras día. La sociedad que hemos conocido no será la misma que habitarán nuestros hijos. Y ésa es nuestra mayor creación, la epifanía alquímica que resulta del encuentro entre nuestras almas. Por eso, ahora más que nunca, es vital que busquemos nuestra propia transmutación, porque la del mundo está sucediendo tan rápidamente que no alcanzamos a comprenderla.

Alejandra Esparza. Febrero de 2021

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